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Durante nuestra existencia a través de vidas sucesivas, hay una ley divina que rige nuestro comportamiento. Ésta es llamada Ley del Karma, y se funda en los principios de equilibrio y justicia divina. La Ley de Karma también es llamada Ley de Causa y Efecto o Ley de Retribución. Dicho en pocas palabras, el fundamento de la Ley del Karma es el siguiente: “Todo lo bueno o malo que hacemos (o que tan sólo concebimos o pensamos) a lo largo de nuestras vidas, nos traerá consecuencias o retribuciones para lo sucesivo de nuestra existencia trascendente”. Por ejemplo, si en una vida nosotros obramos mal en perjuicio de otra persona, de acuerdo a la Ley de Karma, esta acción tendrá un efecto sobre nosotros mismos posteriormente, ya sea en esa misma vida o en una próxima reencarnación. En este caso, ese efecto se traducirá en desgracias o tragedias personales, situaciones adversas, e incluso enfermedades de nacimiento.
la idea de que la persona individual es la forjadora de su propio destino, y que ese destino depende totalmente de la persona misma. Por ejemplo, si alguien nos hace un daño, solemos culparla, sin saber que realmente todo lo que nos sucede es como consecuencia de nuestras propias actitudes y acciones pasadas. Cuando sentimos envidia, cuando nos aborda la codicia o la avaricia, cuando dejamos que se anide dentro de nosotros el egoísmo, cuando deberíamos ser compasivos y solidarios, y sin embargo somos indiferentes y duros, cuando dejamos entrar en nosotros el sentimiento de venganza, o cuando la llevamos a cabo; entonces es cuando estamos forjándonos para nosotros mismos un futuro triste y desgraciado. En todo ello, la Ley de Karma sólo cumple su misión trascendente y divina. |
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(sólo para comunicación técnica) |